La tristesa del metge e família

 

La tristeza del medico de familia

 

 

Muchos de mis compañeros creen como yo, que no hay especialidad tan cercana a las personas como la de Médico de Familia, que entiende al individuo en su globalidad y donde el conjunto de circunstancias bio-psico-sociales determinan el estado de salud, enfermedad, malestar o satisfacción de una persona.
Los médicos de familia estamos en las trincheras, cabalgando entre la medicina hospitalaria, los especialistas y la calle. Y esto nos lleva a tener que barajar muchas variables. Debemos tener habilidades científicas en constante actualización. Es necesario saber de todo y mucho para poder ser responsables de pacientes con patologías crónicas y muchos de alta complejidad que antes no asumíamos. Y nunca nos sobran las habilidades sociales para entender el contexto en el que se mueve el paciente, su familia, trabajo, domicilio y todas las emocionales siempre subjetivas por ambas partes. Nuestro trabajo sin duda, es muy complejo.
Y aunque no dominamos muchas técnicas hospitalarias y tardamos en manejar los fármacos de última generación, el conocer bien a las personas de nuestro cupo nos permite abordar de forma muy resolutiva sus demandas, en muchos de los casos sin medicalizar. Escuchar, entender, comprender, acompañar y sobretodo resolver es lo que tanto la población como los gestores nos exigen.

Y no está en duda que una correcta entrada al sistema sanitario es una sana y fuerte Asistencia Primaria. Los políticos no paran de llenarse la boca con esto. Pero los tiempos que corren no favorecen precisamente este lógico camino.

 

La Asistencia Primaria ha perdido en los últimos 5 años un 20% de su presupuesto. Y eso se nota.

 

Los profesionales intentamos mantener el nivel y la calidad en nuestro trabajo, pero la presión constante, la falta de recursos van poco a poco mermando nuestra resolutividad y nuestra satisfacción profesional con consecuencias evidentes, pacientes insatisfechos y profesionales cansados.

 

Ejemplos de las dificultades de nuestro día a día podría enumerar muchísimas.

 

Las ausencias no son cubiertas y producen una sobrecarga de trabajo para el resto de la plantilla, empezando por el administrativo que tiene que hacer filigranas en reprogramaciones. Muchas veces hasta nos llegamos a sentir culpables de enfermar y en más de una ocasión vamos a trabajar en condiciones penosas por no aumentar las listas de nuestros compañeros.

 

La accesibilidad a una visita con el médico de familia raramente se obtiene antes de las 48 horas, lo habitual es entre una y tres semanas.

 

Las visitas a especialistas y las pruebas complementarias que solicitamos tienen demoras inaceptables. Y esto tiene consecuencias.

 

Muchas veces nos vemos obligados a medicalizar problemas que se podrían resolver sin fármacos. Si tuviéramos más especialistas en psicología o en rehabilitación, la visita para este último en mi centro tiene una demora de 3 meses, no serían necesarias tantas medicinas con el gasto que eso supone y el riesgo de efectos secundarios que conlleva.

 

Técnicas que antes se realizaban en el hospital como controles de tratamientos anticoagulantes, informe de retinografías, infiltraciones, crioterapia, doppler, mapa y muchas otras se han traspasado a la primaria sin dotación de personal, ni de presupuesto.

 

Nos piden excelencia pero la formación corre a cargo nuestro. Aquellos reciclajes por especialidades que podíamos hacer hace años pasaron a la historia. Se pueden hacer, pero ya nadie nos sustituye.

 

El hospital Moisès Broggi, inaugurado en 2010, arranca con un programa informático de historia clínica diferente al que usan los centros de atención primaria de los que es referente. Poco a poco se han ido conectando. ¿Pero cuánto nos habrá costado eso?

Y mientras tanto todavía los pediatras de mi centro, Can Vidalet y todos los de Costa de Ponent no pueden ver las historias clínicas del Hospital Sant Joan de Deu, tan líquido y tan moderno para otras cosas.

La pérdida de poder adquisitivo en nuestros salarios, la precariedad laboral sobre todo de los jóvenes, la dificultad de conciliación familiar van colmando el vaso.

 

La sociedad nos exige soluciones y muchas veces no las podemos dar.

 

Y aunque a veces me siento como el salmón, nadando a contracorriente, desgastada y triste, me resisto a sobrevivir en mi puesto de trabajo, me resisto y me rebelo.

Tamara Sancho Candia

Médico de familia-EAP Can Vidalet

@tamarasancho