golpe golpe

Tenía 11 años cuando nos acogisteis en vuestra casa. No nos conocíamos de nada.

 

Mis padres, mis dos hermanos y yo salimos casi con lo puesto. Un golpe de estado nos había echado fuera. Quedarse suponía riesgo para la vida al menos de mis padres.

La abuela no corría peligro y se quedó arreglando cosas y salvando lo poco que podíamos recuperar. Más tarde se nos uniría en Buenos Aires.

 

Todo lo importante entonces para mi, mis libros, mis juguetes, la primera bicicleta que recibí para mi cumpleaños solo unos meses antes, mis amigos, de los que muchos nunca más supe… todo se quedó atrás.

 

Pero la sonrisa, el cariño y el calor que nos disteis, nos salvó ampliamente de la tristeza que nos invadía.

¡Como jugábamos en el patio de tu casa! Felices, mientras mis padres se planteaban como sacarían a su familia delante, sin un trabajo, sin una casa, sin nada.

 

Fuisteis el puente que nos llevó a una nueva vida. El puente que nos hizo pisar un terreno más tranquilo, por poco tiempo, pero suficiente para salir adelante.

 

Refugiados ha habido en todos los tiempos y buenas personas que los han ayudado, también. ¿Pero porqué la historia se repite y repite? ¿Porqué tanto dolor?

 

Han pasado 42 años desde entonces y tú eres lo único que me queda de esa hermosa familia.

Ani, gracias por haberte cruzado en mi camino, gracias por tu familia tan generosa, y sobretodo gracias por seguir siendo mi amiga.

Tamara