Hace pocos días, el 27 de febrero,  se cumplieron dos años del terremoto y del tsunami que azotaron una parte del territorio chileno. Está fresca en la memoria de todos las consecuencias trágicas de la rabia de la naturaleza.

Chile es un país largo y angosto, atrapado entre el Pacífico y la Cordillera de los Andes, su territorio descansa sobre unas placas tectónicas que no paran de acomodarse.

El chileno está acostumbrado a que la tierra se mueva y esta tierra nos recuerda constantemente su fuerza y su poder, su capacidad de queja y destrucción y eso el chileno lo sabe.

Reconstruyeron el país de los destrozos del último terremoto. “¡Hasta que venga el próximo!” dicen ellos con resignación y la capacidad de reacción que les caracteriza.

Para los que no estamos acostumbrados a que la tierra se mueva bajo nuestros pies, un temblor de los que allí hay a menudo, nos provoca una sensación de pequeñez y fragilidad increíbles.

Hace mucho tiempo alguien gritó: ” Tierra Firme!”  ¡A veces esa frase aquí no sirve!